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Teodorico López Gutiérrez

Capacitarse más para agrandar el negocio

Hijo de una familia humilde, estudió solo la Primaria. La ausencia del padre lo obligó a dejar las aulas. Cuando joven quiso ser mecánico, y empezó un curso por correspondencia. Pero la necesidad otra vez le pasó factura: su madre cayó enferma.

Fue en esas circunstancias cuando sus amigos lo invitaron a pescar en una embarcación muy pequeña, de 30 toneladas. El mismo dueño era el patrón. El oficio lo capturó. “Como vi que la pesca era rentable —cuenta—, me dediqué solamente a aprender a pescar, y llegué a conocer también un poco de motores. Agarré una panga y trabajé muchos años de panguero. Lo hice hasta 2011, cuando tenía ya 63 años de edad”.

Gajes del oficio, la vida de Teodorico ha estado dos veces en peligro. En una ocasión, trabajando en una chalana, se apagó el motor de la lancha. Como el agua estaba movida, la chalana, con el peso, se volteó, y él quedó encima. “Entonces —recuerda—, la lanza se puso de punta a punta con la corriente. ‘No puedo ahogarme así’, me dije, y me fui por el corcho: si el corcho se hundía, me hundía con todos. Levantaba el corcho y ahí aprovechaba yo para avanzar, y así llegué a la embarcación”. En otra oportunidad, a un compañero que trabajaba en el carreto le mandaron arriba la panga y ésta se llenó de agua. “Mi compañero se tiró al agua y casi se ahoga. A mí ya no me dio tiempo, pero menos mal que se reventó el cabo de la gareta”. Se salvó por un pelo.

Una operación lo hizo renunciar a la pesca, pero luego se reintegró. Su regreso, sin embargo, duró apenas un año: los dolores no lo dejaban trabajar con normalidad.

Su doctor le explicó que era por el movimiento, de modo que tuvo que dejar el oficio.

En esas circunstancias, la empresa para la que laboraba le dio los documentos que requería para afiliarse a FONCOPES. “Vi que había varios beneficios, y me acogí. Y como me gustaba la pastelería y la panadería, escogí estudiar eso en la ECAP Elvira Velasco”, cuenta.

Ahora él y su familia viven contentos. “Con nuestro negocio de venta de empanadas, tortas, alfajores y otros dulces me distraigo”, dice. Cuenta que incluso quiere aprender más, capacitarse más, y, de repente, agrandar el negocio.

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